Que estoy abriendo los ojos ¡ya voy!

Abro los ojos y estoy, volando por encima, 

tú no me ves, y a mí a veces se me olvida que existo y me desvisten tus despedidas, si insisto en que no hay mayor caída que escurrirse cuando estás cogiendo impulso para despegar.

Amanece y nos pesa por encima el cantar del sol y el calor de los pájaros,

y las nubes me acarician las ojeras mientras yo digo por lo bajito ‘por favor, no puede llover hoy’.

Y yo sólo espero, que haya aves que nos den calor y un hueco entre las alas y el nido, mientras hacemos tiempo hasta que las malas lenguas se desbuitran y pierden las ganas de carroñear.

Abro los ojos y estoy, tendida en tu cama,

viendo las horas pasar,

con tu brazo rodeándome el cuello y tu boca con eternas ganas de jugar.

Y me sorprendo,

de lo mucho que me agrandas los latidos con esos ojitos de MAREA inevitablemente AZUL.

Que te los han pintao copiando al cielo, 

TÚ NO LO SABES, pero se han fijao del cielo.

Y estoy, perdiendo la manera de herirme y es todo lo bueno resumido en una sola palabra a lo que me quiero referir.

Que desde que has aparecido no me falta de nada y me sobro yo hasta a mí.

Y vuelvo a abrir los ojos y voy,

de camino a entre tu pelo, 

y estoy, segura de que no duele si me enredo y me voy,

en busca de los besos que sabes que me debes hoy.

A perderme entre tus huesos a ver si encuentro más de quien YO SOY.

Que si me quieres lo puedo todo.

Qué/Yo lo sé

Se pudre el aire que no roza tus mejillas. Yo lo sé.

Y se hace eterno el momento de sentirse mal por no tenerte.

600 y pico desastres cayéndose encima nuestro, y yo sin poder abrazarte.

Se vuelve infierno el cielo cuando no paseo por debajo contigo, parándome a olerte el pelo y a acariciarte con la nariz.

Y se hace demasiado doloroso no poder asegurarme tu sonrisa todos los días.

Sólo estas paredes y esta cama, son verdaderas amigas, ocultando como un secreto las horas que paso echándote de menos, queriéndote abrazar.

Sólo me apetece contar las horas contigo, nada de calcular las horas sin ti o los minutos que faltan para verte. Sólo el tiempo contigo, sólo eso me apetece.

Y se harán fríos todos los abrazos que sean dados por gente que no seas tú. Yo lo sé.

Se convertirán en dolor las noches de cama vacía que me encantaría llenar almenos con tu olor.

Se clavarán las agujas de este reloj, y sentiré que me ahoga la almohada que no compartamos.

Se morirán en mis zapatillas las ganas de rozar mis pies con los tuyos.

Mi cuerpo se pasará la noche llorando sin tus caricias.

Y se morirán de dolor mis manos cuando busquen la tuya y no la encuentren.

Pero qué me dices, cuando te tenga delante y esté dispuesta a darte 600 y pico caricias.

Qué me dirás cuando te diga que me apetece volver a ponerme cerca de tu cuello.

Qué me dirás cuando me vuelva a doler todo de dormir dos días seguidos en la misma postura, apoyada en tu pecho, oyéndote respirar.

Qué me dirás cuando vuelva a jugar a hacer ruiditos con tus labios, a soplarte en la oreja, a lamerte el cuello o hacerte cosquillas por toda la cara.

Qué me dirás cuando vuelva a llover y quiera taparnos de nuevo con mi capucha.

Qué me dirás cuando te diga otras mil veces lo bien que hueles.

Y qué diré cuando vuelvas a pasarte dos horas haciéndome cosquillas sin parar.

Qué diré cuando te vea andar por la habitación, y yo te espere tumbada en la cama deseando apoyarme en ti para toda la noche.

Qué diré cuando me muera de la risa otra vez porque decimos cosas sin sentido por el sueño.

Qué diré si vuelvo a quedarme pensando que haces una ‘M’ preciosa al leer nuestros mensajes en el espejo.

Qué diré cuando no tenga excusas para apretarte muy fuerte.

Qué diré cuando vuelva a morirme de amor al ver tus cosas y las mías en la misma mesilla, en el mismo baño, en la misma habitación.

Qué diré cuándo vuelvas a decirme que el lado izquierdo de la cama es el tuyo y me “obligues” a cambiarme.

Qué diré cuando volvamos a ver películas estúpidas de niños, programas árabes, o el jodido canal de Kiss FM porque no hay otra cosa en la tele.

Qué diré cada vez que te mire y me parezcas lo más bonito del mundo.

Volveré a abrazarte, cada vez con más ganas. Yo lo sé.

Porque hay 600, 600 motivos por los cuáles querernos, motivos/kilómetros que alguien colocó para alejarnos y evitarlo, motivos que hay que destruir para llevarle la contraria a la vida. Para querernos. Si tú quieres, si tú me dejas quererte.

Victoria.

Ojalá.

Ojalá cayendo en mis manos las palabras adecuadas para describir cada momento tal y como lo sentí.

Pues no podré nunca, jamás en la vida, describir lo que mis ojos vieron ese 10 de Septiembre.

Verla aparecer, verla andar conmigo por Madrid…

Tenerla sentada a mi lado, riéndose porque me hacía fotos a traición,  o verla jugar con su reloj morado.

No se puede explicar.

Porque sería imposible intentar describir qué se me pasaba por la mente cuando tenía mi cabeza apoyada en sus piernas y me acariciaba la cabeza, sería imposible que os pudiera describir lo que pasaba por mi mente cuando sonreía de ese manera, sería imposible contaros con total exactitud lo que me pasaba por el pecho en ese momento.

Pero sin duda, sin ninguna duda, me quedo con la imagen de verla salir de la ducha envuelta en una toalla blanca que sin duda, le sentaba de maravilla.

O el hecho de entrar a mi habitación y verla tumbada en mi cama, con mis pantalones, impregnando mi almohada de su olor.

Mirarla dormir, porque justamente esa noche, la luz de la luna se colaba en mi habitación para que pudiera verla con total claridad sin que ella se enterase siquiera.

No sabéis lo que es despertarte en mitad de la noche, girarte y verla en el otro lado del colchón…

Poder acariciarla la cara mientras duerme, poder besarla el cuello, poder sentir su cuerpo a centímetros del mío.

Es que ahí, justo ahí, en esas horas que pasé contigo en mi cama, hubiera parado el tiempo para quedarme viviendo esas horas toda la vida, desde el principio hasta el final sin quitar ni un sólo segundo.

Porque poder dormir abrazada a ti, sintiendo tus latidos y poniéndote la piel de gallina cada vez que hablaba cerca de tu cuello, oír tu ‘Sara por favor’ o tu ‘que cosquillas’…no tiene precio.

Me quedaría ahí.

Para siempre, respirando tu olor, para siempre rozándote. Para siempre contigo. Para siempre abrazada a ti.

Gracias por haber hecho de ese día uno de los días de mi vida que con más cariño recordaré.

Gracias por la sorpresa, gracias por acelerarme el corazón de tal manera.

Gracias por la pulsera, gracias por los abrazos, gracias por los besos, gracias por haberte comido 600km sólo para que yo, que no soy nadie, haya tenido el placer de oírte respirar.

Gracias por las sonrisas, por las lágrimas, por los momentos ya vividos y sobretodo por todos los que nos quedan por vivir.

Gracias por ser alguien tan importante para mí como para que escriba sobre ti.

Gracias Vicky, por ser quien eres para mí.

Gracias por quererme, gracias por dejar que te quiera, gracias por aparecer, gracias por ser, gracias por existir.

Gracias por quererme un poquito más.

Te quiero infinitamente, y es algo que sabes.

Es algo que te demostraré.

Mi (erda).

Cómo cojones me vas a salvar si no eres un puto ángel.

Harta de querer salir corriendo y ser cobarde cuando tengo agarrado el pomo de la puerta.

Porque no me hicieron para otra cosa que no fuera llorar, por eso pienso que sólo sirvo para eso.

Me estoy quemando por dentro,  están ardiendo los escombros que yo soy.

Y tú no te das la vuelta.

No es tu mierda ¿verdad?

Nunca eres tú y sin embargo casi siempre.

No me reconozco, y mejor, porque seguro que no recomiendan conocerme.

Estoy harta de estos cambios tan intensos de humor.

Harta de estar en modo aleatorio anímicamente.

Harta de llorar cuando no tengo nada que me distraiga.

Cada vez que me ducho se va por el agujero del tapón una ilusión nueva.

Que asco da sentir y no sentirse nadie, no sentirse nada.

No entiendo mi vida, no entiendo mi manera de estar viviendo.

Pero qué más da, si no es tu mierda.

Pero qué más da, si no eres un ángel.

Qué puede importar, si no voy a curarme.

No tengo ganas de recordarme viva.

No tengo la menor intención de ser alguien.

Porque no puedo.

Porque nunca podría.

Nunca he podido.

Pero qué más da.

Si sólo es mi mierda.

Aquí es donde he venido a morir.

Aquí es donde me estoy muriendo.

Aquí es donde me dí cuenta de que empezaba a estar más muerta que viva.

En mi mierda.

Sin mi ángel.

Sin mis ilusiones, llorando en la bañera.

Nunca dejando de ser cobarde.

Nunca dejando de morir.

 

 

Equilibrismo.

Miradas al vacío, que caigan besos, que se estampen contra el suelo y sentir que me rompo yo.

Hace tiempo me dí cuenta de que tú no querías ser mi paracaídas, y yo decidí dejar de saltar, aún sabiendo que me perdería por tu falta de heroísmo miles de paisajes preciosos. Nada que ver con tu espalda.

Pero se me hizo un lío la cabeza, y decidí que quería volver a volar por encima de todo aquellos que no lo vieron posible.

Me deshice de las rocas y me dejé llevar, como una pluma haciendo equilibrismo en los cables de  luz de la ciudad.

Te posaste en mis mañanas pero sólo dejaste la idea de que podrías estar ahí.

Y ya no puedo descifrarme, porque he hecho de mí un enigma demasiado complicado para esta rubia de mucho soñar.

Que se me empañarán los lunares es algo que sé cuando me meto a la ducha, pero correré el riesgo sólo por poder hundir la cabeza en el agua y dejar de oír todo ese ruido a realidad que se escucha fuera.

Realidad, dueles.

Duele oírte, duele verte, duele ser consciente de ti.

Jodida realidad.

Más el peso de mi espalda me hace ser una heroína.

Más los besos que te debo me hacen ser morosa de mis fantasías.

Pero no importa, porque me queda un mañana con el que soñar, aunque siempre se repita la misma historia.

Aunque las doce de la madrugada me sepan a un día más sin ti.

No importa.

Porque me hice un monstruo e hice mi mayor aliada, a la oscuridad.

Aunque odie ser oscura por dentro.

Pero es que tú eres mi luz.

Pero es que tú, eres tú, porque me haces ser yo.

Aparentemente frágil.

O te quiero menos o me muero más, y hacemos de esto todo un infarto emocional.

Nuestros sentidos perdieron el norte buscanso su sur por la derecha.

No importa por dónde salga el sol, porque acabará siempre estando por encima nuestro.

Si me ves y sonríes no sé qué sentir, no sé qué pensar.

Tus manos haciendo mariposas, yo tragándolas, mi estómago dándoles vida.

Nuestros caminos ahora son uno y no veo la bifurcación catastrófica.

El tiempo que no vuelve nos lleva la contraria si queremos dejar de llorar.

O me dices que no o me arrojo al desastre.

No entiendo que me pidan que deje de cantar si pasas a mi lado y oigo tu música.

Andas arrastrando la suela de tus zapatillas, haciendo un ruido que hace que todo me bombee como la sangre.

Puedo querer ser fuego pero no quiero quemarte.

No quería ser fugaz. Y fugazmente se convirtió en algo rápido e insípido.

Estúpido, como querer mirarte a los ojos si te los tapa el flequillo.

No hay días suficientes para que amanezca sin ti.

Los pedazos míos me los quedo yo para recomponerme a escondidas en esta humilde habitación mal decorada.

No puedes pretender que pierda el sentido, para luego escondérmelo, y líarme en la cabeza un caos inolvidable.

Me muerdo las uñas para no recordar que mi boca no está besándote.

Tu aire es tu aire y no tengo por qué respirarlo yo. O eso piensas.

Ni siquiera sé qué hacer cuando te cruzas de repente.

Aparentemente todo es frágil y la tempestad se hace eterna.

Las cuatro miradas que me debes están volviendo a ser gestos de abandono.

Me deslizo por el suelo, caigo en picado, pero estando tumbado nadie puede caerse.

El cielo y su varicela estelar.

Tus lunares y las pieles envidiosas.

A estas alturas ya no se puede frenar.

No entiendo qué me quieres decir cuando cierras la boca y me miras.

De este laberinto hay pocas probabilidades de salir, al menos con vida.

Vamos a buscarnos, vamos a inventarnos, y vamos a fundir el cielo con nuestros labios.

Mañana será el día que siempre quise vivir.